Wences Lamas.

«MIRAR DE FRENTE»

Del 12 de diciembre al 26 de enero 2024

 

 

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La primera vez que probé los caramelos fue en Londres. Llevaba un año de duelo por la muerte de mi madre y decidí ir a visitar a unos amigos. En el mundo de los okupas londinenses de principios de siglo ya se había puesto de moda esa sustancia tan propensa a los arrumacos, según decían. Empezamos a chuparnos los dedos en un skatepark, luego en una antigua bolera reconvertida en rave, por la calle y por último en casa. Todos estaban del revés pero yo no tenía el cuerpo demasiado flamenco y no me subía. Nada. Así que me fui a la cama recto y sereno.

Horas más tarde desperté súbitamente al chocar contra el techo de la habitación que me habían dejado. El corazón me salía por la boca y fui al baño a echarme agua a la cara. El último de mis amigos se iba ya a la cama tras haber terminado el after y yo me fui al jardín a sentarme y que me diera el aire. Estaba sonando música clásica contemporánea. No sé cuál, pero era preciosa.

Pasaron las horas y yo estaba impertérrito, y notaba como el rocío mañanero se iba creando sobre mis manos, con la agridulce presencia del alba, que da nombre a esa Dama de la que nadie se escapa y sobre la que yo estaba pensando.

De repente apareció un zorro. Nunca había visto un zorro, y no tenía ni idea de que en Londres había. Se acercó a mí, notó que yo era inofensivo y se acostó muy cerca, pegado a un árbol.

Y ya está. Asunto arreglado. Toda esta gran bola de fuego tenía sentido.

Buena parte de mi vida posterior se hizo en ese momento: decenas de canciones, amoríos, dolores, casas, trabajos. Durante años volvía a ese momento cuando tenía que tomar alguna decisión, y en cierta manera ese zorro británico era mi amuleto, mi guía y mi fuente de inspiración.

La obra de Wences Lamas ha explorado desde el principio esa dimensión paralela, y en esta nueva exposición define con maestría técnica una colección de amuletos bellísimamente captados, donde animales y humanos se funden en cuadros que sirven de altares de este eterno sacrificio de búsqueda fugaz en el que estamos inmersos, pero que pocas veces contemplamos de frente.

Y aquí se hace, y si ustedes miran de frente estos cuadros, adquirirán el cuchillo mágico que todo lo blando rasga para acceder al hueso, al cimiento de esta cosa que llamamos realidad.

Si lo llego a saber antes, no probaba los caramelos.

 

Pablo Und Destruktion

 

 

Atalaya, 2021 Acrílico sobre lienzo 40×40 cm

 

 

 

No hacer nada, 2018
Acrílico sobre madera
100×70 cm

 

El Rey Magno, 2018
Acrílico sobre lienzo
44×33 cm
Galicia, 2023
Acrílico y cromados sobre tabla
100×100 cm