Marta Zelaia.

«APOTROPAICA, APOTROPAICA, APOTROPAICA»

Del 2 de febrero al 5 de abril 2024

 

Cercadeira, 2023. Azulejo pintado a mano. 550×15 cm

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apotropaico, ca

Del gr. ἀποτρόπαιος apotrópaios ‘que aleja el mal’ y -aico.

1.adj.p.us.Dicho de un rito, de un sacrificio, de una fórmula, etc.: Que, por su carácter mágico, se cree que aleja el mal o propicia el bien.

Diccionario de la RAE

 

El tuétano de la creación.

Utilizar nuestra capacidad creativa para abordar temas delicados o transmitir mensajes con suavidad, incluso cuando tratan temas profundos o dolorosos. Canalizar nuestra fragilidad emocional en el trabajo del arte.  La creación artística como conexión intrínseca con lo que nos es común, con la exploración de la complejidad de las emociones y de las relaciones humanas. Este es el tuétano. Y el tuétano forma el hueso. El hueso a veces se rompe. Para su curación es necesario inmovilizarlo. A menudo se inmoviliza con escayola. Esa escayola adquiere una forma estable: se convierte en objeto. En este trabajo, este objeto representa algo más allá de su función práctica y se convierte en un portador de significado.

La escayola que envuelve el brazo se convierte en amuleto protector, cuya función simbólica es proteger durante el proceso de la curación. Aplicarla, observarla, dibujarla, son actos apotropaicos: proporcionan un sentido de seguridad y protección a niveles distintos de lo tangible. La escayola ya no es un objeto, sino un medio para alejar influencias negativas y promover la curación más allá de lo puramente físico.

Nos encontramos en el corazón de la creación, quizá en el tuétano de su hueso, donde la fragilidad se convierte en fortaleza y donde la taumaturgia del arte revela su capacidad para transformar el dolor. En este escenario resuena esta palabra que se vuelve una invocación «APOTROPAICA, APOTROPAICA, APOTROPAICA».

Un susurro constante, como un mantra, una oración, una protección mental que equilibra la conciencia en el umbral entre la fragilidad y la aterradora monstruosidad de una multiplicación de fracturas: los huesos, las emociones, las expectativas, la confianza, los vínculos, la esperanza.

La mejor respuesta ante la vulnerabilidad es la creación amorosa: tratarse con ternura en lugar de utilizar la crítica y la autoexigencia. La creación amorosa es el mejor escudo que pueda recubrir y proteger cualquier rotura. Aceptar la propia humanidad, incluyendo limitaciones y errores, y abandonar la dureza de los juicios.  Esta experiencia profundamente humana susurrada sobre la escayola, multiplica el poder sanador de este objeto inerte, conduciendo sus efectos protectores hacia las profundidades, hacia las emociones, hacia los afectos, hacia el pasado e incluso hacia el  futuro. Es el susurro de la creación artística y sus prodigios .

El dolor de un brazo roto “KRAK”, se convierte en el punto de partida que arrastra desde la sensación en el cuerpo, hasta la emoción de otros sufrimientos. En este viaje, las unidades de tiempo son casi indistinguibles. Ambos parecen emerger al unísono en un fluir abrumador. Descansar, nutrirse. La invocación detiene esta catarata de tiempo y la convierte en espacio, espacio mental, espacio para pensar, para respirar, espacio para transformar.

Y se abren cinco espacios, cinco ventanas: cuatro autorretratos sin rostro y un duelo en el espejo. Duelo como pérdida y duelo del Oeste.  Tú puedes ser cualquiera. Yo soy tú. Tu escayola protege mi dolor. Mi escudo te acoge y deja fuera tu sufrimiento.  Somos interser[1]. Tus roturas son las mías, mis errores son los tuyos. Baja las armas. Tienes mi permiso para equivocarte. Permíteme esta fractura.

Lo demás queda atrapado en la linde invisible de la invocación. Nuestro sufrimiento se deshace poco a poco y abona esta generosa relación: doy lo que de mi dolor escancio como amorosa creación y tomo de ti lo que te duela y pueda aliviarse con mi labor.

Cinco ventanas cercadas por otra poderosa paradoja, siempre familiar, algo monstruosa:  un alambre de espinos hecho de manos enlazadas. Una cerca disuasoria y protectora, hecha de brazos abrazados. Manos entrelazadas con un gesto insultante del lenguaje de signos. Una cerca que lo cerca todo. Una cerca que divide: lo de dentro y lo de fuera. La cerca no resuelve el temor, sino que origina el miedo mientras intenta alejar el mal. Mantente alejado, cabrón.

Cuando lo que anhelamos no casa con lo que la realidad ofrece; cuando anhelamos manos que trabajan juntas, protección, amparo, paz, refugio, y la realidad nos trae desasosiego, crueldad y muerte, entonces: nuestro sufrimiento parece infinito. Es tan grande como el dolor de todos los huesos rotos, de todas las emociones rotas, de las esperanzas rotas y de las lágrimas rotas juntos.

La familia, el seno, el cuidado: otro tuétano.  La experiencia del cuidado amoroso otorga la perspectiva de la fragilidad y la certeza de la importancia del apoyo. Y ya no importa lo que la realidad nos traiga. Por encima de la biología, del parentesco o de cualquier coyuntura, lo que constituye una familia es la sinergia de los cuidados. La experiencia de esta corriente generosa.  Tú puedes ser cualquiera. Yo soy tú. Tu escayola protege mi dolor. Mi escudo te acoge y deja fuera tu sufrimiento.  Y recordamos que somos  ese interser, sin cercas.

Y así se borra el límite y la alambrada se abre. Finalmente vence la necesidad de llegar a la luz de un espacio afable y favorecedor en el que poder aceptar que algo puede ser puramente bueno, aunque no sea inmaculado. Un espacio desde el que observar sin el temor  a la posibilidad de lo terrible Un espacio en el que aceptar de mí, de ti,  todo lo puramente bueno que soy y hacer que lo demás – los errores, la confusión, la ira, la tristeza…- se convierta en abono para esta luz.  Y así, poco a poco, van apaciguándose los duelos. Los duelos por las pérdidas de los seres queridos, los duelos por los sufrimientos del pasado, y los duelos del Oeste.  El arte es lo que me mantiene a flote.

En esta narrativa de lo frágil,  de lo rompible, y  de la función apotropaica de un objeto inerte animado por la imaginación[2] que nos realiza, lo monstruoso se hace invisible. Es muy posible que retoñe aquí o allá, ahora o después, como horrendo, espantoso, aterrador. Pero su monstruosidad acabará por ser únicamente un extraordinario desafío de dimensiones descomunales que rugirá siempre a nuestro favor. Porque es la función apotropaica de lo monstruoso la que nos ayuda a atender y a proteger nuestra fragilidad, no de “otros”, sino de nuestra propia mezquindad. Y es nuestra mismísima fragilidad la que, supurando ternura, como un monstruo babeante, se convierte por fin, a la luz de nuestro deseo de verdad, en el objeto apotropaico. Porque la aparente fortaleza constante que culturalmente nos barniza: es ilusoria. Reconocer y abrazar la fragilidad es una forma más efectiva de protección y de crecimiento.  Esto se parece a decir que  es en la mismísima fractura en donde está su enmienda, y que es  la ternura ruidosa, intensa, visible, apasionada -monstruosa- la que  se insinúa en la luz de estas ventanas y la que se barrunta en la delicadeza de las marcas de la pintura.

 

La escayola en la mano rota se convierte en una herramienta, y la limitación se transforma en libertad creativa. Menos mal que me he roto la mano, porque me estaba quedando sin ideas. La escayola es la prueba de que el arte es la cura:  la expresión máxima de la transformación de la fragilidad en fuerza y belleza. La ternura es el tuétano de la creación artística y de todo. No hay fuerza más poderosa.

 

                                                                                           Helena González Sáez. Basauri, enero 2024

 

[1] El término «interser» es asociado principalmente con el maestro budista vietnamita Thich Nhat Hanh. El concepto de «interser» refleja la interconexión fundamental de todos los seres y fenómenos en el universo. Thich Nhat Hanh utiliza esta palabra para enfatizar que no existimos de manera aislada, sino que estamos interconectados con todo lo que nos rodea. La idea es que la separación aparente entre los individuos y las cosas es una ilusión, y que todo está relacionado y depende de todo lo demás.

El término «interser» es una combinación de «inter» (entre) y «ser», y refleja la idea de que nuestra existencia está interconectada con la existencia de los demás. Esta noción tiene implicaciones éticas y prácticas, ya que sugiere la importancia de cuidar no solo de uno mismo, sino también de los demás y del entorno, reconociendo que nuestras acciones tienen un impacto en toda la red de la existencia.

[2] La imaginación creadora, según las ideas de Hery Corbin, islamólogo y filósofo francés.  Corbin sostiene que la imaginación creadora permite a los individuos participar en la realidad simbólica de los mundos espirituales, actuando como un puente entre el mundo material y el mundo espiritual. En este contexto, la imaginación no se entiende como una mera fantasía o invención, sino como una facultad espiritual que posibilita la percepción de la verdad trascendental.

 

 

 

Krak I, 2023 Impresión digital y pastel al óleo sobre papel Somerset 500g. 89×120 cm
Krak II, 2023. Impresión digital y pastel al óleo sobre papel Somerset 500g. 89×120 cm