José Luis Ochoa

“Nowhere”

Del 27 de mayo al 13 de agosto de 2016

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En el año 1979 el director de cine ruso Andrei Tarkovsky se dirigió a la República de Estonia, en las costas del mar Báltico, para rodar su película Stalker, en unos paisajes y ambientes donde la oscuridad, la reclusión y la falta de esperanza dejaban ya ver lo que sería el futuro cataclismo de los regímenes de la Europa del Este. Hoy en día esa y otras zonas de su misma influencia vuelven a ser noticia por un incipiente clima de tensión entre los antiguos bloques dominantes en lo que es el resurgimiento de una nueva guerra fría. Mientras, el resto de Europa anda sumida en una atmósfera de incertidumbres que parece fagocitarla a sí misma bajo los influjos de otro tipo de utopías que tampoco han sido la panacea prometida y que hacen resurgir otras más oscuras de nuestro inconsciente colectivo.

Nowhere es un proyecto que gira en torno a las relaciones de la memoria con lo utópico y la transformación de la materia como elemento discursivo en el ámbito contemporáneo. La memoria como substrato de la experiencia y la idea de viaje como excusa y método de investigación. El artista y la necesidad de perderse, de ir a lo desconocido y experimentar los vestigios del material histórico. La importancia de convivir y negociar con la duda y de crear nuevas preguntas, de escarbar en uno mismo y explorar lo profundo de nosotros en medio de la desorientación, la soledad o los paisajes extraños.

Más allá del Báltico las ilusiones y los monumentos desechados se intercalan con un futuro incierto. Fabricas, diques o plataformas a modo de sedimentos con que analizar los dudosos paradigmas de una verdad proclamada como absoluta en un pasado reciente. Los restos, las ruinas, los emplazamientos, son ahora estratos de lo utópico y residuos del tiempo. La palabra residuo describe al material que pierde utilidad tras haber cumplido con su misión o servicio para realizar un determinado trabajo. En Nowhere la obra funciona como espacio de experimentación y de transformación del residuo. El desplazamiento nos proporciona imágenes, archivos y documentos con los que jugar. El azar, el error o el fracaso surgen de la fotografía, el grabado o la instalación, donde cada pieza se transforma en un elemento independiente que toma su propio camino; se generan incertidumbres, oposiciones en constante dialogo, lo claro y lo oscuro, el fragmento y el conjunto, el lugar y el no lugar. Entre arquitecturas derruidas y objetos abandonados que revelan el cambio y el ocaso, el oxido evoca la transmutación que el artista acepta y abraza, el deseo de aprender de los procesos entrópicos e incorporarlos a una dialéctica entre la resistencia y la deconstrucción de la materia. La oxidación se establece como metáfora de un mundo cambiante y un futuro difícilmente imaginable que actúa aquí, como una resistencia desaparecer, un cambio de estado para seguir sobreviviendo.

Nowhere no se concibe como un desarrollo cerrado sino como un ejercicio experimental de repoblación de imaginarios, a medio camino entre la ficción y el trabajo crítico con la historia. Las huellas y restos del ayer nos sirven para estudiar el ahora, para cuestionar el mundo, la realidad, nuestro lugar y las verdades absolutas. El fragmento es una forma de ver el pasado, leer el presente y entender el futuro. La importancia del proceso, las paradas, los viajes, los encuentros, los cambios, las pequeñas historias, etc., nos permiten entender quienes somos y afrontar nuestra contemporaneidad. En una época donde el individuo y su pérdida de identidad son palpables, el arte hace que podamos replantear nuevas cartografías, nuevos lugares de pensamiento.

“Lo que es importante no está tanto el camino sino el momento en que un hombre entra en él, entra en un camino.” A.T.

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